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Somos Energía, Somos Conciencia En la sociedad occidental en que vivimos, se nos enseña desde pequeños a identificarnos con lo que podemos ver, oír y/o sentir. Cada concepto, antes de aceptarlo en nuestro interior, lo filtramos a través de lo que nos es conocido, a través de lo que es “concreto” y “comprobable” por los avances científicos de nuestra época.


Desde pequeños se nos enseña a desconfiar de los “engaños que provienen del mundo exterior”. Vamos poco a poco formando una coraza que nos protege de las decepciones y el sufrimiento. Cada experiencia que vivimos con dolor, nos sirve para agregar o reafirmar conceptos que endurezcan nuestra armadura emocional. De esta forma, todo lo que podemos aceptar en nuestro interior, es lo “concreto”, lo “real” y “comprobable por nuestra ciencia”, así nos evitamos una nueva decepción, un nuevo engaño desde el “peligroso mundo exterior”.

Bajo este punto de vista, el hombre comienza a identificarse solamente con lo que ve, que es el espectro de luz visible, un mínimo rango dentro de las frecuencias que componen la creación. Su identificación con el cuerpo físico, bajo este punto de vista, es natural y casi inevitable. El hombre acepta su condición de humano en esta tierra y se ve separado del resto de la creación debido a que no hay nada visible ni comprobable que pueda demostrarle lo contrario.

En la sociedad oriental se sabe y se reconoce, desde hace miles de años, la existencia de un campo de energía que envuelve a los individuos. Este campo de energía es conocido como “aura” y en ella se encuentra la conciencia del alma o ego que encarna dentro del cuerpo físico.

Somos seres espirituales y divinos por naturaleza. Sólo la felicidad y la perfección pueden emanar desde nosotros. Con el fin de experimentar y evolucionar, el espíritu decidió encarnar dentro del alma, para poder experimentar la vida en los mundos de la materia. Al estar incorporado en un alma, al espíritu le es posible encarnar en un cuerpo físico y tener experiencias dentro de la materia que lo hagan evolucionar. Al ingresar dentro del cuerpo, el Ser de naturaleza espiritual, pierde la conciencia de unidad y comienza a experimentar la dualidad. Todo lo que estaba unido ahora se ve como separado, lo que le permite tener al individuo un aprendizaje único, con la conciencia enfocada en su experiencia.

El Ser al encarnar olvidó que es conciencia, que es energía pura y divina. Olvidó su origen divino, olvido su perfección, olvidó su gracia y gozo eternos. El humano, al comenzar a experimentar el miedo y todas las emociones que derivan de el, comenzó a producir bloqueos en su energía, las que luego repercuten en su cuerpo físico, naciendo así las enfermedades. Con la identificación existente con el cuerpo físico, el hombre comenzó a sanar los síntomas del cuerpo sin ser capaz de encontrar la causa real que los origina, ya que esta se encuentra en su conciencia, en su campo de energía o aura.

El aura es conciencia, ahí se encuentra nuestra esencia, pensamientos y emociones. Cuando tenemos pensamientos y emociones que producen algún bloqueo en el campo de energía, este repercute en nuestro cuerpo físico produciendo lo que conocemos como enfermedad. Aunque sanemos las molestias conocidas como enfermedades, estas probablemente aparecerán nuevamente hasta que no se corrija el patrón de conducta que las origina. Es igual que cortar una planta: si cortamos las ramas o el tallo, esta volverá a crecer, ya que sus raíces están insertas en lo más profundo de la conciencia del individuo. Para eliminar la enfermedad es necesario eliminar primero el patrón de creencia o conducta que la origina, el cual esta dentro de nuestra conciencia, en nuestra aura.

En el antiguo arte de la Alquimia Divina, se utilizan distintas técnicas para identificar y eliminar los patrones de creencia que originan los bloqueos en la energía. Mediante la transmutación conciente, el alquimista revoca los Templetes o plantillas, formados en su conciencia a causa de estos patrones, para así reemplazarlos por los Templetes de la Humanidad Divina y manifestar la perfección que le es inherente desde su esencia divina, desde su conciencia o Yo Soy. Debido a la colusión de la conciencia humana, estas técnicas pasaron a ser un privilegio de ciertos iniciados en las artes esotéricas y poco de ello ha salido a la luz pública para la utilización de las grandes masas. La información que ha logrado ver la luz, ha sido desvirtuada por la interpretación de la conciencia dual de los individuos.

Existen diferentes terapias que pueden ayudar al individuo a realizar la transformación de estos patrones de creencias. Conocidos son los efectos de las Flores de Bach en la transmutación de las emociones. Cada esencia floral trabaja un estado emocional en particular permitiendo la transmutación del mismo, llevando al equilibrio al individuo de una forma natural y conciente. Las Flores de Bach son una terapia vibracional, que actúa sobre la conciencia del individuo. Al actuar directamente en el comportamiento, también se cambia el síntoma o enfermedad, la cual es eliminada desde su raíz u origen.

El Reiki es otra terapia que permite desbloquear el campo de energía y liberar la conciencia para poder realizar los cambios necesarios para la evolución del individuo. En el aura se encuentran los 7 chakras principales o centros de energía que nos permiten intercambiar constantemente energía con el universo. Estos chakras modulan la energía de alta frecuencia, que proviene del universo, para adaptarla a nuestro sistema energético y físico. Cada chakra está asociado a funciones físicas, mentales y emocionales, las que al desequilibrarse provocan desde un funcionamiento irregular hasta el bloqueo del mismo. El Reiki abre estos centros de energía permitiendo el adecuado intercambio de energía entre el individuo y el universo otorgándole el poder de la autosanación.

El Reiki también trabaja sobre el sistema de meridianos o canales donde circula la energía que se irriga sobre nuestro cuerpo físico. Al estar desbloqueado nuestro circuito energético, nuestros órganos y glándulas, así como todo nuestro cuerpo, comienza a funcionar en forma armónica y a manifestar salud y vitalidad.

Así como nuestra aura es nuestra conciencia, nuestros órganos son el software de las emociones: cada uno de ellos está conectado íntimamente a distintas estados emocionales. Cuando manifestamos emociones en desequilibrio, nuestros órganos se desarmonizan funcionando inadecuadamente. El funcionamiento inadecuado de nuestros órganos, a la vez, produce desequilibrios en nuestros estados emocionales. El Reiki descongestiona los órganos y renueva su energía. Las Flores de Bach armonizan las emociones permitiendo mantener la salud de nuestro organismo. Ambas terapias se complementan bastante bien potenciándose una con la otra. La combinación de estas dos terapias vibracionales provoca una profunda transformación en el individuo que las experimenta.

Como pueden ver, somos más que un simple cuerpo físico. Somos conciencia, somos energía. El cuerpo y el espíritu en armonía es sinónimo de salud. El cuerpo y el espíritu son igualmente importantes y hay que tratarlos con el amor y respeto que merecen. No dejemos que por seguir una vida espiritual, nuestro cuerpo físico quede relegado a un segundo plano. El cuerpo físico es sagrado, es nuestro templo donde mora nuestro espíritu. Así mismo, no olvidemos que mas allá de nuestro físico, está nuestra conciencia, nuestra energía la cual debemos cuidar y armonizar para ir avanzando y evolucionando día a día.

 

Sergio Fernández C.
Terapeuta Natural

 

 

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